Enseñémosles a decir, en bici ¡No sin mi casco!

El casco de bicicleta es una de las pocas medidas de seguridad pasiva que tienen los ciclistas a su alcance para minimizar los daños en una caída.

Todos hemos sido niños, todos hemos andado en bicicleta y todos nos hemos caído y estamos aquí y no nos pasó nada, quitando algún rasguño, herida o hueso roto, pero vamos, que quitando eso, estamos sanos y salvos.

Bueno, pues resulta que en España, según datos de la Dirección General de Tráfico (DGT), aproximadamente un 20% de los fallecidos en accidente de tráfico entre 10 y 14 años eran usuarios de bicicleta, y las lesiones en la cabeza fueron la causa principal de fallecimiento.

Muchas veces los padres de la época de EGB recordamos a modo de chiste las cosas que hacíamos cuando éramos pequeños o cómo eran las cosas entonces y siempre concluimos que no nos pasaba nada. Que si los columpios eran metálicos y medio oxidados, que el suelo no era de goma sino de piedras, que íbamos 7 en el coche y sin silla… pero lo cierto es que esto no es un chiste.

Existen accidentes en bici, tanto por atropellos como por caídas fortuitas y nuestra cabeza se lleva casi siempre el mayor golpe de todos, y lamentablemente no es como un brazo roto que con escayola y tiempo se cura. Un golpe en la cabeza pude dejar secuelas, y graves.

El uso del casco en bicicleta puede prevenir o reducir el riesgo de sufrir lesiones graves de cabeza, incluso cuando la causa del accidente es una colisión con un coche. La capacidad protectora del casco se basa en absorber parte de la energía y distribuir el pico máximo de energía del golpe sobre una superficie mayor, y aumentar el tiempo de transferencia.

1. Evita 2 de cada 3 lesiones graves en la cabeza y el cerebro.

2. Reduce hasta un 85% el riesgo de lesión en la cabeza, y en un 88% el riesgo de lesión cerebral.

3. Previene el 42% las lesiones en accidentes de ciclistas.

4. En niños reduce en un 63% la incidencia de traumatismos craneales; y la pérdida de conciencia, en un 86%.

5. Se podría prevenir el 75% de todos los accidentes mortales de niños en bici.

6. Impide el 88% de las lesiones graves en el cerebro de los niños.

Si el uso del casco en la edad adulta es importante, su colocación en los niños y adolescentes es esencial. Estas edades son claves para inculcar la importancia de pedalear siempre protegidos y para resguardar la cabeza de quienes menos suelen ver el peligro. Es nuestra responsabilidad como padres..

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) el uso del casco reduce en un 63% la incidencia de traumatismos craneales en los niños y en un 86% los episodios de pérdida de conciencia. Esta medida de seguridad tiene el objetivo de reducir el riesgo de lesiones producidas por golpes en la cabeza, mediante la difusión de la zona sobre la que se aplican las fuerzas de impacto, y evitando el golpe directo.

Hoy el casco es el único elemento de seguridad pasiva que evita lesiones cerebrales en el ciclista y, para ello, ha de estar homologado y colocado correctamente. Su uso adecuado, según los estudios, evita dos de cada tres lesiones graves en la cabeza y el cerebro infantil.

Y es importante recordar que es obligatorio el uso del casco por los menores de 16 años, incluso en vías urbanas y parque infantiles. Es decir, siempre.

Es algo de lo que son muy conscientes en la Asociación Hiru Hamabi 3|12, la única asociación de Daño Cerebral Adquirido (DCA) infantil de España, donde todos sus miembros son padres con hijos que por diversas circunstancias tienen secuelas por DCA.

El DCA se refiere a un daño producido en el cerebro después del momento de nacer. Este daño puede deberse a accidentes de tráfico, caídas, daños no accidentales, tumores cerebrales o encefalitis y otras enfermedades de base neurológica. El DCA es la causa de discapacidad adquirida más importante en la infancia.

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En la Asociación Hiru Hamabi 3|12, conscientes de los riesgos de no usar casco al montar en bicicleta, lanzaron la campaña informativa “No sin mi casco”, para concienciar a la sociedad sobre los peligros que supone el TCE (Traumatismo Cráneo-Encefálico).

La bicicleta es ya un elemento imprescindible en la infancia y por ello apoyan la medida tomada con la pasada reforma de la Ley sobre Tráfico, Circulación de Vehículos a motor y seguridad vial donde se incluía la obligatoriedad del caso para menores de 16 años, para prevenir la gravedad de las lesiones en caso de accidente.

En las conversaciones que mantenemos en nuestras vidas cotidianas estas medidas se toman como exageradas, sin embargo, es importante diferenciar las caídas y sus consecuencias con los golpes en la cabeza y sus consecuencias.

Un brazo roto se recuperará con toda probabilidad al 100%. Un TCE grave puede llevar en algunos casos a una hospitalización UCI con riesgo vital y posibilidad de secuelas por Daño Cerebral Adquirido, consecuencias que en ocasiones se identifican tiempo después del traumatismo.

No se pueden evitar todos los accidentes, pero si minimizar sus efectos con el casco. Además como factor educativo, los niños que utilicen el casco habitualmente se convertirán casi con total seguridad en adultos que utilizarán el casco en el futuro, con o sin obligatoriedad, por haber adquirido este hábito.

Así que enseñemos a nuestros hijos a decir “No sin mi casco”, pero no sólo cuando monten en bicicleta, sino cuando vayan en patines, monten en patinete o incluso hagan escalada.

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