Yo vomito, tú vomitas, él vomita

En mi casa este verbo no se conjuga muy a menudo, pero cuando se hace, es a lo grande.

Es inevitable, si tienes niños pequeños, en algún momento de su pequeña existencia, por el motivo que sea, van a vomitar en cualquier parte, especialmente en esas que luego es más complicado limpiar.

Desde mi experiencia existen varias causas para los vómitos: Cuando uno de tus hijos está enfermo, dentro del amplio espectro de enfermedades que hacen vomitar; la tos, y el mareo. Vale, me estoy dando cuenta de que esto puede resultar muy escatológico, pero vamos, que un vómito no es más que comida con jugos gástricos, así que no voy a herir la sensibilidad de nadie.

Una de las cosas que más me fastidian de tener a un niño malo y que vomite es que cuando vas al pediatra te dice “será un virus de 24 horas”, pero si lleva ya dos días vomitando se trata de un claro caso de “virus de 48 horas”, a no ser que sean ya tres los días que está vomitando, lo que supone que se trata de un “virus de 72 horas”.

Es lo más divertido de la medicina, que cuando no tienen ni idea de qué pasa, la culpa siempre es de un virus malvado que tiene la duración adecuada para cubrir las espaldas de quien lo diagnostica.

Otro motivo por el que los niños vomitan es la tos. A veces una tos con alguna flema provoca una arcada lo suficientemente divertida como para que el niño acabe vomitando el desayuno-comida-merienda-cena. Puede toser durante todo el día en mil sitios, pero si en ese momento está sentado en el sofá, junto a la alfombra, en la cama o dentro del coche, hay algún tipo de atracción fatal que hace que la fuente se active y todo se convierta en un auténtico festival. A modo de ley de Murphy, cuanta más cara sea la alfombra, mayor es la potencia con la que funciona la fuente.

Y el último motivo desde mi experiencia por el que un niño puede acabar vomitando, es el mareo en el coche. Hay una serie de factores que tú como padre ignorante, ignoras o pareces ignorar. Viajar en una silla de auto a contramarcha. Yo me mareo hasta en el autobús cuando viajo en los asientos en el sentido contrario a la marcha, pero nunca se me había ocurrido que a un niño le pasara lo mismo. Vamos, nunca se me había pasado por la cabeza, porque Álvaro nunca se mareó, pero Miguel ha salido a su padre, y enseguida se marea.

Hasta pusimos durante una temporada su silla a favor de la marcha, pero al final también se mareaba. Menos, pero se mareaba. Al final decidimos volver a ponerla a contramarcha porque es la forma más segura de viajar para un niño y atenernos a las consecuencias.

Lo del coche es lo más divertido de este mundo, porque cuando alguien vomita generalmente te pilla en mitad de una autopista donde no puedes parar y oyes como el niño vomita y vomita, y ves por el espejo cómo se va manchando todo el coche, la silla, sus hermanos… y no puedes hacer nada. El niño llora y tú te desesperas.

Hemos llegado a hacer viajes con tres ropas de recambio, por si acaso, pero a veces en el viaje más tonto y corto, Miguel acaba vomitando. El otro día yendo al colegio a buscar a su hermano Álvaro y después de estar parados 5 minutos, se tomó un actimel y a continuación su cuerpo lo expulsó. Vale, estuvo todo el camino jugando en el iPad, y no recordé cómo yo también me mareo si voy en el coche leyendo. Ese fue el motivo del mareo en un viaje de 15 minutos, y lo peor es que además de llenar todo de una mezcla de merienda sólida y actimel, el pobre iPad quedó cubierto de vómito. Yo instintivamente me bajé del coche, vi el espectáculo y lo primero que hice fue tirar la tablet al suelo para que dejara de caer vómito sobre ella, con la tranquilidad de que llevaba una funda anti niños y que ya se había llevado mil golpes y el iPad seguía intacto.

Se ve que este era el golpe mil uno y la pantalla quedó completamente destruida, hasta agujereada. Pero bueno, dentro de lo malo, el incidente ocurrió el mejor día del año para que pasen estas cosas, el Black Friday, así que hubo que agenciarse uno nuevo con algo de descuento.

¿Qué hacer cuando un niño vomita? Intentar no ponerse nervioso ni enfadarse, aunque el pasado fin de semana tuve un pleno de 3 de 3, y perdí un poco los papeles. Lo cierto es que no se les puede culpar, ya que no lo hacen a posta (aunque a veces lo parezca), pero los condenados podrían ir avisando de que igual vomitan…

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