Cómo elegir el mejor carrito de bebé

Está claro que para cada uno, el mejor carrito de bebé es el que se ha comprado, porque para eso se ha dejado una pasta en comprarlo, como para decir ahora que no es el mejor.

Pero lo cierto es que objetivamente hay ciertas características que nos pueden ayudar a elegir lo más adecuado para cada uno, o lo más funcional, o lo más bonito. Hay mil criterios, eso está claro, pero lo cierto es que hasta que uno no tiene un bebé y empieza a pasear con él, no se da cuenta de lo bueno o malo que tiene esa inversión que ha hecho.

Bueno, aspectos básicos en los que fijarse: peso, plegado, tamaño, materiales, manejabilidad y precio. Para mí son los seis puntos básicos a la hora de afrontar semejante inversión.

El peso es importante porque cuanto más pese, más cuesta mover el carrito. Además, después habrá un bebé dentro, así que aún pesará más. Muy importante que os lo pesen en la tienda donde lo compréis, porque los datos que dan los fabricantes son más falsos que las emisiones de los coches Volkswagen. Además, una vez plegado, para moverlo o meterlo en el maletero, agradeceréis que pese poco.

El plegado es vital, sobre todo si tienes prisa, un niño llora y te pones nervioso. Si tienes que empezar a hacer malabarismos con la silla para cerrarla, malo. Y si tienes que usar las dos manos, también malo. Piensa que habrá veces que sólo tengas una libre.

El tamaño, y aquí hay dos apartados: antes y después de plegar. Piensa si ese carrito tan amplio y genial que te gusta va a entrar en el ascensor de tu casa, o en la de tus padres, por ejemplo. Si cuando vayas a un restaurante va a pasar entre las mesas y sillas, o si vas a poder maniobrar dentro de Zara entre maniquíes y ropas. Y muy importante y vital, asegurarse de que el carrito plegado entra en tu maletero. Y no hagas caso al vendedor cuando te venda la moto diciendo que le puedes desmontar las ruedas muy fácil y así entra mejor… sobre todo un día que llueva y las ruedas estén llenas de agua y barro y lo menos que te apetezca sea tocarlas.

Los materiales. Aquí hay para todos los gustos. Habrá gente que le dé exactamente igual que el acolchado sobre el que va a ir su hijo sea de fibras de coco recubiertas de lana de llama de los Andes, o de amianto. Si es tu caso, este punto te da igual. Si no, piensa que hay materiales más ecológicos o naturales que suelen transpirar más. Sobre la estructura, huye de los plasticazos sobre todo en piezas móviles. Al final tienden a romperse.

Sobre la manejabilidad, parece una tontería, pero piensa que a veces necesitarás moverte rápidamente en poco espacio. Cuanto más manejable sea la silla, menos fuerza tendrás que hacer para maniobrar con ella. Las que tienen manillar corrido se manejan mejor con una sola mano. Cuanto más grandes sean las ruedas, mejor se manejan y giran y son de gran ayuda en terrenos como la arena o la nieve.

Y luego está el precio, un criterio que para algunos será accesorio, y para otros será vital. Aquí lo único que se puede decir es que merece la pena invertir en un buen carrito, porque aunque el capazo es sólo para unos meses, la silleta nos puede durar mucho más, y los niños van mejor ahí que en una silla plegable de paraguas tipo McLaren, muy cómodas para los padres pero no tanto para los hijos.

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